miércoles, 20 de noviembre de 2019

EN INCERTIDUMBRE


EN INCERTIDUMBRE
Jonatan Alzuru
Sigo sosteniendo lo que afirmé en este artículo: “¿De qué ocuparnos?”  Donde analizo por qué es una estafa el acuerdo de Claudio y compañía con el déspota.
El mismo día que salió publicado, los diputados del PSUV, cumpliendo con la farsa se incorporaron a la AN; días antes liberaban al vice presidente de la AN; porque la verosimilitud es la virtud de una estafa bien elaborada... y... la farsa sigue y sigue y sigue... La estafa, sigue... ¿La verdad? Nuestro pueblo, nada tiene que ver con eso, quienes salen a marchar una y otra vez; lo hacen con convicción, con fuerza, con decisión... nuestro pueblo ha enfrentado con más acidez al despotismo y por más tiempo que el pueblo boliviano... Es incomparable, absurdo y verdaderamente infeliz realizar esa comparación... pensemos que solo en el 2017 fueron más de cincuenta días consecutivos, revisemos las caras de miles de jóvenes..... de los centenares de muertos, de los que han torturado... En términos de violación de derechos humanos, el despotismo venezolano tiene un récord.... pero también el pueblo en su resistencia.... Los problemas en ningún momento han dependido de nuestra población... Incluso, de nuevo reitera lo que se hizo o, tenemos tan poca memoria que no recordamos todo el esfuerzo sistemático, en este año, en el 2019,  con las Fuerzas Armadas en febrero, en marzo... Mientras la farsa sigue y sigue... Y el peor error es minimizar, ridiculizar o despreciar lo que sucede con quienes componen la estafa... ¿La verdad? En lo más profundo de mi ser... deseo equivocarme... ¡Cómo voy a querer tener la razón!.... La claridad que algunos tienen en las redes, sobre cómo estamos enfrentando al despotismo...me cuesta verla en la clase política... Ojalá la pasión y el deseo de nuestro pueblo pueda ser canalizado por la dirigencia,... pero me cuesta verlo... Qué se piensa de la declaración dada por el ahora Diputado legítimo y legal del PSUV (estatus dado por la propia práctica de la oposición en consonancia no con su proceso...aparentemente, sino con el de la MESITA) Torrealba, quien forma parte de la Comisión para renovar el CNE, cuando afirma, no hace más de 15 días: “Hemos decidido incorporarnos activamente en la comisión de trabajo que se constituya, para la renovación del Poder Electoral y para el establecimiento de garantías electorales amplias que conduzca a la realización de las elecciones parlamentarias pautadas según dicta nuestra Constitución para el año 2020” (5 de noviembre 2019). ¡No! No le pido a los amigos entusiastas de las redes que respondan... Yo le suplicaría a la dirigencia que nos indicaran, qué dicen frente a esto... ¿cuál es su propuesta alterna que con gusto me apunto...? ¿Acaso los eventos que se realizan hoy, mañana, es para alcanzar una mayoría electoral en noviembre del 2020?
Amigos de las redes ojalá, la dirigencia quienes tienen la responsabilidad de explicar los acuerdos, las negociaciones y la ruta, nos dijeran con claridad hacia dónde vamos... aunque fracasemos, cuál es la apuesta... ¿La verdad? Yo no la sé... Eso sí, la deseo... salir del déspota lo más pronto posible... es un deseo... pero los deseos no preñan, me decía mi abuela.... Quizás no vale la pena lo que escribo, mis reflexiones; quizás estoy deprimido... quizás no debería escribir... Sí tal vez... en fin...
Mis respetos, profundo y mi admiración a todos los que han marchado, a los que siguen marchando, a los que no paran... porque sus rostros me dan ánimo...me dan esperanza... Sí... en medio de mi total incertidumbre....

viernes, 8 de noviembre de 2019

Venezuela en Dolor Mayor


VENEZUELA EN  DOLOR MAYOR
Jonatan Alzuru Aponte

“¿En qué traste se perdió la canción y la sonrisa?
Cuando la noche quebró sus brazos sobre la vida”
Canción en Dolor Mayor. Alí Primera.


Dedicado a todos los pueblos de América Latina que sufren violaciones de los Derechos Humanos; sin importarme, en absoluto, que sus gobiernos sean de una ideología o de otra. 

Escribir objetiva, serena y descarnadamente sobre el sufrimiento del pueblo de Venezuela, cuando se es venezolano, es una tarea titánica. La presente reflexión es a propósito de la violación sistemática de los Derechos Humanos en Venezuela.

Quizás cuando se vive la represión en carne propia, tal vez, solo tal vez, es posible comprender el sufrimiento de los que habitan en otro país. Cuando las cifras de muertos y heridos nos duelen en los tuétanos y dejan de ser números abstractos y se transforman en rostros, en familias que aún sin conocerlos los llevamos en pancartas, en franelas, en nuestros cantos, porque son de nuestra tierra, de nuestra comunidad, porque huelen a nuestra sangre derramada; desde esa condición dura, difícil y dolorosa, quizás es posible comprender qué significan esas cifras en otro país.  Y quizás… entonces, es posible que la venda se nos caiga de los ojos y despertemos. No solo para ver a nuestro país, sino al país vecino. Al pueblo hermano. Y quizás las cifras, dejen de ser cifras; y, entonces, el número frío, descarnado, estadístico, empiece a desprender el olor a carne, a lágrima, a llanto, a esperanza rota, a brazos quebrados sobre la vida, a sueños fracturados.

Coloquemos rostros. En abril del año 2017, se iniciaron un conjunto de manifestaciones en Venezuela, Iniciándose a Jairo Ortiz, un joven de 19 años, lo mató un policía, no fue con un perdigón, fue con una bala en el tórax. A Daniel Queliz, tres días después, en otro estado del país, lo mató la policía con una bala en el cuello. Al día siguiente, en otro estado, mataron a Miguel Colmenares con 11 disparos; en esa misma manifestación murió Brayan Principal (14 años), otra bala. En ese mismo estado, ese mismo día, le dieron una lluvia de perdigones a quema ropa en el pecho a Carlos Moreno, 17 años y lo mataron. Días después,  Juan Pablo Pernalete no se asfixió con una bomba lacrimógena, murió porque le dispararon a quema ropa la bomba en el pecho.[1]

¿Saben porque no sigo relatando muertes a mano de los aparatos represivos del estado?  Porque del 1 de abril al 31 de julio mataron a 124 personas en su mayoría jóvenes entre 15 y 25 años, en el contexto de las protestas. Ese año encarcelaron a 5000 personas y, de ellos, a 609, violando la constitución y todo tratado internacional, fueron procesados por tribunales militares, tal como lo señala el informe de ACNUDH, de la época.[2]

El año donde las manifestaciones han sido más pacíficas en Venezuela ha sido este año, el 2019, que se iniciaron el 23 de enero. Al día siguiente, el 24 de enero, en un solo día, el régimen mató a 26 personas.[3]  La Oficina de ACNUDH documentó 66 muertes durante las protestas realizadas de enero a mayo de 2019, de las cuales 52 son atribuibles a las fuerzas de seguridad del Gobierno o a los colectivos.[4]

Las cifras son alarmantes, pero eso es nada y cuando se trata de seres humanos la expresión “es nada”, da asco. Pero sí, es absolutamente nada, frente a lo siguiente: ¿Saben por qué los más pobres, los excluidos sociales no protestan en Venezuela? Antes de contestar, es bueno reiterar nuestra situación, en Venezuela el problema no es la desigualdad, sino el hambre, la falta de alimentos, de medicinas; es una sociedad que vive en la miseria, cuyos habitantes son sobrevivientes; mientras una clase social mínima, quienes tiene veinte años en el poder son súper multimillonarios. Un dato: en el 2018 Estados Unidos no había tomado ninguna medida que implicara un bloqueo; todas las medidas, hasta ese año, eran a personas y no al estado venezolano.

Reitero, si la situación estaba tan mal y ahora es peor ¿Por qué los pobres no han bajado de los cerros como en el año de 1989 con el caracazo? ¿Por qué no se ha dado un estallido social, parecido, semejante, cercano, al de Chile? La respuesta es muy dura, muy cruel, muy terrible, duele en las vísceras. Porque el estado los asesina en masa.
Según el informe de la Oficina de ACNUDH, el despotismo venezolano masacró en las zonas populares, donde habitan los más pobres del país, desde enero de 2018 a junio de 2019, a 6.856 personas. ¿Leyó la cifra? ¿Puede colocarle rostros? Citemos: “La proporción de presuntas ejecuciones extrajudiciales cometidas por las fuerzas de seguridad, en particular por las Fuerzas Especiales (FAES), en el contexto de las operaciones policiales ha sido sorprendentemente elevada, según señala el informe. En 2018 el Gobierno registró 5.287 muertes, supuestamente por “resistencia a la autoridad”, en el curso de esas operaciones. Entre el 1 de enero y el 19 de mayo del presente año, otras 1.569 personas fueron asesinadas, según las estadísticas del propio Gobierno. Otras fuentes apuntan a que las cifras podrían ser muy superiores”.[5]

Creo que las cifras solo de muertes, son tan contundentes que me parece innecesario, casi un irrespeto con nuestro pueblo, dar detalles de la cantidad de heridos de bala, heridos por perdigones a quema ropa, lisiados, los torturados, los muertos por tortura… Las terribles vejaciones que se sufren a diario, como por ejemplo, detener a un diputado en ejercicio, desnudarlo y mostrarlo en las redes sociales defecado.

El dolor mayor para nosotros lo venezolanos es que quienes se sienten sabios, los intelectuales de Iberoamérica y los políticos llamados progresistas que apoyan a Maduro, han sido incapaces de condenar a ese régimen despótico, porque les da prurito que los perciban de derecha. Esa deshonestidad inhumana, solo produce indigestión, vómito y una rabia ancestral porque es imperdonable que se hagan la vista gorda frente a la tragedia de nuestro pueblo. Frente a ello afirmamos que el problema no es la religión ni la ideología que profese quien gobierna, sino cuál es su práctica, cómo se comportan los aparatos represivos del estado frente al pueblo.

Escudarse en quién ha liderado a la oposición en Venezuela, en el menor de los casos, para no opinar sobre la masacre a nuestro pueblo, es pretender invisibilizar lo que sucede. Expresado enfáticamente: es una cobardía inmoral, una ética vacía, acomodaticia y repudiable con la excusa ideológica.

Frente al horror del Déspota, ¿Cuál ha sido la única posibilidad de la multitud? Huir, una diáspora de millones de personas, porque lo ordinario en Venezuela es el estado de excepción; porque lo cotidiano, son milicos paseándose por todas las avenidas mañanas, tardes y noches, los 365 días del año. Y como todos los gorilas, con el perdón de la especie, con su placer sádico, torturan y asesina sin ningún poder que los controle, en nombre de la revolución bonita.

¿Derechos Humanos en Venezuela? ¡Ay!... ¡Ay!...  ¡Ay!


lunes, 21 de octubre de 2019

CHILE PARA PENSAR VENEZUELA


CHILE PARA PENSAR VENEZUELA
Jonatan Alzuru Aponte

Los acontecimientos sociales y políticos de Chile en los últimos días, octubre 2019, es un asunto de su gobierno y sus nacionales. No me compete interpretarlos en ningún sentido puesto que es el país donde resido como extranjero.

Lo que sí puedo afirmar con toda propiedad es la desfachatez y el descaro de intelectuales y políticos llamados progresista, socialistas, comunistas o de izquierda que, al referirse a las protestas en Venezuela, se dedican a la crítica de las formas de lucha. Cuando se tranca una avenida alzan sus voces, cual carmelitas descalzas y de rodillas claman al mundo por el libre tránsito en Venezuela; lloran pidiendo pidiendo paz, se rasgan las vestiduras horrorizados y claman al Señor por protestas pacíficas, pero jamás se ocupan del fondo del problema; pero, ahora, cuando se refieren a Chile se dedican al fondo del problema, pero jamás a las formas de lucha.

Lo grave de la situación venezolana es que la opresión, la miseria, el hambre, la represión no tiene paragón con ningún país de la región. Pero ahora, la excusa de los fariseos, para justificar que la sociedad se haya transformado en un campo de concentración, es que los Estados Unidos tiene bloqueada a Venezuela. Es decir, las medidas tomadas por el gobierno norteamericano en el 2019, la extrapolan perversa y manipuladoramente para los años anteriores. Solo los desinformados pueden aceptar tales argumentaciones; aquello que no revisan la cantidad de petróleo vendido a Norteamérica desde 1998 hasta el 2018. Solo los lame pisos, pretenden ocultar el destroce del aparato industrial por parte del despotismo desde 1998 hasta el 2019. Solo los miserables son los únicos que se olvidan que el despotismo venezolano en el 2015, decidió racionalmente el ecocidio más grande de América Latina, en nuestro Amazona, para entregárselo a las trasnacionales para la explotación de oro, coltan y otros minerales, dirigida por los gorilas militares; tal acción condujo al desplazamiento más grande de nuestros pueblos indígenas; pero eso se silencia porque el déspota se proclama de izquierda y entonces, como focas aplauden en el Foro de Sao Paulo.

Los venerables intelectuales del santoral de la izquierda nada dicen del destroce sistemático e intervencionista a las universidades en Venezuela cuyas principales casas de estudios han sido gratuitas desde el siglo XIX; pero los imbéciles desinformados o perversos y manipuladores hablan como si esa fue una conquista de las últimas décadas.
Y cuando el pueblo venezolano se levanta contra esas decisiones, entonces, deja de ser pueblo, para esa raza de extraño budismo, para transformarse en oligarquía, en derecha, al servicio de los más oscuros intereses y gritan al cielo que una guarimba es una acción golpista. La hipocresía da asco.

Si nos vemos en el espejo de Chile y la consideramos una sociedad injusta y que es justa la protesta social en la actualidad, entonces… ¿Cuál sería la forma de lucha, justa, que nos correspondería en Venezuela?

martes, 3 de septiembre de 2019

¿USTED DIJO ELECCIONES?


¿USTED DIJO ELECCIONES?
Jonatan Alzuru Aponte
1.- ¿Por qué el déspota entregaría el poder?
1.1.- Si se responde por el bloqueo. Evaluemos.  El jefe del déspota tiene sesenta años bloqueado en el poder. Y Venezuela es su fuente de riqueza.  Ni al amo ni al déspota, le temen a eso; incluso puede ser una gran referencia para sus aliados.
1.2.- Si se responde, cuentas bloqueadas. ¿Acaso no tiene una fuente de riqueza legal, el petróleo y la explotación minera?  Y ¿Acaso no tienen una fuente de riqueza ilegal en el narcotráfico?
1.3.-Si se responde que la fuerza militar los obligará. Ya lo sabemos. Los militares se burlaron en las narices de Leopoldo López y Guaidó, principalmente, y de todos los diputados que posteriormente salieron en su apoyo. Y también de los Estados Unidos, según sus propias declaraciones.
1.4.- ¿A razón de qué Tarek El Aissami, por ejemplo, solicitado por narcotráfico en Estados Unidos, entregaría el poder? ¿Acaso no calcula su extradición y la cárcel de por vida?
2.- ¿Qué fuerza interna tenemos?
2.1.- Ninguna de las formas de lucha han dado resultado, hasta ahora. Las últimas concentraciones y marchas han sido sin objetivo específico.
2.2.- El déspota avanza. Desestructura el cascarón que sobrevive de las universidades, para desaparecerla como institución, por ejemplo.  
La principal casa de estudio del país la UCV, legalmente no tiene rectora y seguirán las otras.  Esa noticia escandalosa, ni es un susurro en los medios de comunicación internacional. ¿Dónde está la fuerza que impida los últimos martillazos para romper del todo el cascarón universitario?
2.3.- La única noticia relevante sobre la oposición venezolana, en este momento, son los migrantes, los más pobres, que deambulan en la miseria por América Latina.
2.4.- Internamente la situación política está igual o peor que en el 2018.  Un criterio para evaluar la afirmación es que por lo menos se encontraban más dirigentes libres o viviendo en Venezuela en ese año.
3.- ¿Hay condiciones objetivas o subjetivas para una intervención internacional?
No. Las declaraciones de todos los aliados han sido sumamente claras, apuestan en su mayoría por una salida negociada y, de ser electoral, mejor.
4.- ¿Hay que renunciar al diálogo?
No. La clave está en saber cuándo levantarse, cuándo volver a sentarse y con qué fuerzas se cuenta para maximizar nuestros beneficios y disminuir los costos sociales y políticos. Por cierto, las condiciones electorales es lo mínimo y es un asunto tan obvio que me da vergüenza argumentarlo, por respeto a los lectores.  
5.- ¿Por qué el despotismo no arresta a Guaidó?
Le demostró que lo puede hacer, le metió preso a su secretario y a su vicepresidente. Demostró poder. Está libre porque le beneficia al déspota. ¿Por qué le beneficia? Porque es un actor político que representa a un poder legal, crecía en legitimidad y con reconocimiento internacional. Había que vencerlo de forma inteligente. La mejor jugada del déspota fue la conspiración y luego, que se desgate por sí solo. Desgastado se vence fácilmente.
El déspota ha jugado políticamente brillante ¿lo dije bien? ¿Nos duele? Traguemos grueso. Juega internacionalmente y apuesta a Bachelet, le sale mal la jugada; entonces juega al diálogo internacional. Su lógica de juego: Terror y negociación.
El déspota, negocia demostrando su capacidad de daño; de la Asamblea Nacional solo queda el nombre. Eso es una señal clave de un buen negociador. Le demuestra a su oponente que tiene poder para dañarlo y acorralarlo. Otra señal de su excelente juego es que se levanta de la mesa, obviamente, para evaluar su juego. No es debilidad, es inteligencia. Y negociará cuando tenga calculada sus jugadas con la mayor probabilidad de éxito; de lo contrario, no acordará nada. Porque el oponente, es decir, nosotros, no tenemos la capacidad social construida para obligarlo a nada.
6.- Al poderoso se le facilita su juego, porque la oposición, de todos los colores, está en una guerra de todos contra todos.
7.- Necesitamos que algún líder, bien sea Guaidó por la posición que tiene o cualquier otro realice un salto cualitativo y se transforme en un estadista que amalgame a la mayoría con un discurso coherente con su práctica, por lo menos hasta lograr salir del despotismo.
Pensemos en Caldera II, el padre de la derecha democrática venezolana. Un anciano que estaba prácticamente desahuciado de la escena política. Olfateó el momento en la diatriba sobre el golpe de estado de Chávez y en veinte minutos, con un discurso acertado, captó el sentir de un pueblo, roturó el bipartidismo, se alió con sus adversarios históricos y ganó la presidencia. Una jugada de ese nivel o de un nivel de más alto vuelo político, es lo que se necesita actualmente, para poder negociar y ganarle al déspota.
Jugar al comeflorismo democrático  es un suicidio colectivo; cuando el opuesto es un déspota articulado con capos.



FRACTURA Y POLÍTICA


Fractura y política.
Jonatan Alzuru Aponte
El presente artículo, surgió como una respuesta que ofrecí en Facebook a propósito de unos comentarios a una publicación mía.
Estimado. Agradezco tus extensos comentarios.  Reiteras la posición de uno de los sectores en pugna dentro de la oposición. Intentaré distanciarme de ambos sectores en pugna, no sólo del tuyo; sino de los opuestos a ese discurso.  Mi distancia tiene una finalidad práctica, en función de un deseo, por ahora, salir del déspota.
Realizaré la siguiente estrategia para responder.  Recurriré a las teorías sociológicas, políticas y del derecho con el objeto de evaluar acciones políticas de instituciones o personas en el ámbito público. Es decir, responderé desde lo general e intentaré graficar lo teórico con ejemplos.
 1.- Fidelidad es un valor moral que tiene, como mínimo, dos usos, a propósito de su etimología. La primera aquél que cumple sus promesas. Le llamaré coherencia entre discurso y acción. Será un punto aparte, dentro de mi respuesta.
La otra que suele usarse, en el ámbito público, es como fe en las ideas que promueve el líder y fe en el líder como aquél, quien es capaz de conducirlas.  Es una práctica fundante de los totalitarismos.  Se evidencia en prácticas como jurar fidelidad a…. y el líder carismático, quien toma el juramento de las masas, se asume como la encarnación del ideal, por lo tanto, divide a la sociedad en fieles y traidores.  Ejemplo: “Con hambre y desempleo por Chávez, me resteo”. Soy fiel, aunque muera de hambre. No ser fiel al ideal y a la persona es ser traidor. Esa religiosidad política es irracional, porque conduce a la persona que lo profesa a convertirse en esclavo.
En política el fiel, en el sentido expuesto, es irracional, porque su evaluación del líder y sus acciones se funda en la fe. También es un exabrupto pedir fidelidad a las ideas. Porque quien es fiel a sus ideas, es incapaz de cambiar, de cuestionarlas… es un dogmático porque cree en lo que piensa como una verdad eterna. Es un esclavo de sus ideas.
2.- Honestidad es un valor moral que tiene una traducción jurídica con relación al manejo de los asuntos públicos, ser corrupto o no. En el ámbito jurídico, los delitos y las penas son intransferibles. Es decir, si una persona comete un delito; el delito cometido no se les transfiere a los padres, ni a los hijos, ni a los hermanos, ni a los amigos. Tampoco las sanciones.  Los delitos y las sanciones se establecen en tribunales; quien comete el delito siempre tiene derecho a la defensa y el juicio es independiente a la opinión pública.  Cuando el juicio y la sanción es dado por la opinión pública, es una práctica donde no existe el derecho, porque la condena está dada antes que se juzgue al sujeto. No hay procedimiento.
Ámbito jurídico y ámbito político son dos esferas relacionadas entre sí; pero son campos que tienen sus propias prácticas. Incluso un deshonesto probado y condenado puede ser un excelente político entendiendo el vocablo como aquél que tiene unas ideas, sabe publicitarlas y existe una población que las asume, sin necesidad de comprarlas o coaccionarlas con la violencia. Logra fines porque sabe utilizar los mejores medios para alcanzarlo. En Venezuela tuvimos un ejemplo gráfico de lo que teóricamente explico: CAP II, fue juzgado (por mal manejo de los dineros públicos, se esté de acuerdo o no con el juicio), sentenciado, cumplió su sanción. Y luego, volvió al ámbito público y ganó un curul como senador.
La honestidad al ser un valor moral apreciado por la sociedad, usualmente, es utilizado discursivamente entre los diversos y opuestos actores políticos en cualquier parte del mundo, para descalificar al otro y mostrar la fortaleza moral de quien lo enuncia.  Se suele usar en las competencias electorales, a veces acompañan el discurso con acusaciones jurídicas (esto son los actores políticos coherentes entre su discurso y la acción) y, en otras ocasiones simplemente para desprestigiar la imagen del otro (el afectado por el discurso, puede actuar o no jurídicamente; dependiendo de su interés y su cálculo electoral).  Tales prácticas discursivas, no suelen usarse entre los aliados porque tiene un interés común, sean corruptos o no.
3.- Coherencia. Es un valor político evaluable racionalmente. Hacer lo que se dice y decir lo que se hace. Y decir lo que se hace, puede implicar que varió su mirada del acontecer, cambió de idea, entonces, la explica y cambia de práctica. En política la coherencia del líder amalgama a sus seguidores y la incoherencia fractura, ambas con independencia del resultado. Dos ejemplos uno de coherencia y el otro de incoherencia:
Cuando se planteó la ayuda humanitaria como una forma de lucha, se fracasó; había contingencias y tácticas del déspota que condujeron a ese resultado. Pero Guaidó fue coherente; previo a la acción, públicamente, dijo que iba a realizarla y la hizo concertada nacional e internacionalmente. Fracasada la acción, estando fuera del país, dijo que regresaría y lo hizo. Luego, en acto público el mismo día que entró al país, asumió que no se logró resultado e invitó a la lucha. Dentro del fracaso había amalgama.
Cuando se planteó una salida militar como forma de lucha, se fracasó; había contingencias y tácticas del déspota que condujeron a ese resultado. Pero Guaidó fue incoherente; previo a la acción, públicamente, había dicho que se trataba de un movimiento cívico y que había que esforzarse para que el estamento militar acompañara las acciones. Además, que todas sus acciones serían concertadas. Incluso, con el chavismo opuesto a Maduro. Realizó una acción con un mínimo acuerdo, lógicamente porque era una acción militar, pero incoherente con su discurso. Luego, de la acción fracasada, no reconoció la derrota, sino endilgó la responsabilidad, en unos supuestos traidores. Dicho de otra manera, sería la buena jugada del déspota. Tal acción incoherente entre discurso y acción, fue un catalizador, detonante, para la fractura.
4.- Toda práctica política conjuga en el actor que la realiza intereses individuales y colectivos. No existe la práctica política, dígase la práctica en el ámbito público sin interés; incluso entre los santos. Colocaré un ejemplo paradigmático para sostener la afirmación: La Santa Madre Teresa de Calcuta, entregó su vida por lo más pobres, fue su opción de vida. Sin embargo, estaba interesada, que su mirada y su práctica religiosa se expandiera por el mundo y fundó varias congregaciones. Para lograr sus objetivos que su servicio fuese eficaz, eficiente y mundial requería de financiamiento, de donaciones, por lo tanto, se reunía  con déspotas y demócratas del mundo. Manteniendo su mirada de cómo vivir, tratando de coaccionar a todo aquel que se le acercara y, a su vez, utilizando su imagen pública para recibir el financiamiento.
5.-  La política son juegos de intereses. Y se es mejor político cuando se es capaz que el opuesto (quien tiene intereses individuales y colectivos, distinto), se incorpora dentro de la estrategia general de aquél que la impulsa. El opuesto lo hará porque le interesa para su sobrevivencia política y al que le impulsa para maximizar su hegemonía.  Esto es un principio de un buen jugador pero que en cada circunstancia y en cada país, tiene sus particularidades; porque depende del propio juego. No es una norma que dice debe ser así. ¡No! Es un principio de un buen jugador. Se le suele llamar estadista, porque tiene una mirada no de una parcela de su comunidad o partido sino del estado.  
Dos casos traslúcidos: El gobierno de Nelson Mandela, incorporando a quienes habían sido sus opresores en el ejercicio del gobierno y en Chile la concertación que logró el retorno a la democracia incorporando a Pinochet, como ministro de las fuerzas armadas en los primeros años de gobierno. Sin esa manera jugar, no hubiese sido posible un gobierno socialista o diputados jóvenes del partido comunista en la actualidad. Y Piñera ha tenido dos períodos presidenciales.
Para finalizar, este último punto, diría lo siguiente, en términos prácticos: antes de plantearse cómo sería la transición en Venezuela, los ejemplo deberían ayudarnos para pensar cómo construir un equipo entre los diversos y opuestos para confrontar al despotismo. Cuando se maximice la presión y se consolide un movimiento del liderazgo es cuando, podría empezar a evaluarse como transitar con el déspota. Invertir el orden de razonamiento tanto en la práctica como en la teoría, nos conducirá a un extraordinario fracaso.
Y con toda claridad la responsabilidad institucional para impulsar el acuerdo nacional, entre todo el liderazgo es de Guaidó. Porque (duela o no, lo desee o no) es quien representa a la institución con la cual dialogan todos los países aliados y, públicamente, es el interlocutor del déspota. Pero el liderazgo no se decreta, se ejerce. Y si entre el liderazgo, en este momento caótico, por la fractura, surge alguien con mirada y práctica de estadista que reconstruya a la oposición, obviamente, se ganará en primer lugar a Guaidó para cumplir con sus objetivos. La manera cómo lo haga dependerá de su pericia. La competencia entre el liderazgo opositor para ver quién amalgama más, quien puede producir mayor hegemonía para confrontar al régimen. es lo que se necesita.  


domingo, 1 de septiembre de 2019

DÍA DEL MIGRANTE: DÍA DE DESEOS


DÍA DEL MIGRANTE: DÍA DE DESEOS
Jonatan Alzuru Aponte

La migración es el desgarramiento en incertidumbre, no solo del viajero, sino de lo roturado, la familia, los amigos, aquellos que despiden. Es un dolor siempre in crescendo. Lo pasado se difumina como una neblina espesa donde el recuerdo queda entre sus brumas. ¿El futuro? Es solo una planificación de hoy, quizás mañana, hasta allí… 
Es una agonía por alcanzar aquello que jamás volverá, el núcleo familiar consolidado y agrandado en una trama de amistades con olores y sabores, vientos y mares. Difícil, labor difícil, es el ejercicio de pensar el país en los términos racionales que requiere la práctica política, cuando una pasión nos desborda o porque la mirada se volvió una impresión desde la lejanía… 
Tal vez, por ello, por esa circunstancia, empiezo hablar con un leguaje no instrumental ni racional, como es el vocablo deseos…   sueños…
Desearía despertarme una mañana y revisar las redes y encontrarme con diez, veinte, cincuenta, escritos desarticulando las contradicciones que existen entre los cercanos al déspota, generándole divisiones desde gruesas hasta sutiles. Mostrando con agudeza refinada donde residen sus distancias. Desearía ver miles de imágenes cargadas de comentarios de cómo el despotismo ha destrozado el país. Videos en masa del por qué debemos levantarnos contra la opresión.  Informaciones sobre las mesas de diálogo, entre el liderazgo nacional, local y parroquial, donde debatan sus opiniones, contrarias o no, de cómo dirigir la confrontación contra el régimen; pero que cada día nos sorprendan con nuevos acuerdos; donde los desacuerdos también se ventilen… pero que se asuman como formas, tácticas distintas y se compitan entonces, en términos de acciones y propuesta para ver cuál táctica es más eficiente para destrozar al tirano…
No deseo que la liberación sea mágica, de un día para otro; incluso, soportaría con estoicismo los fracasos de algunas formas de lucha, pero que, al evaluarlos, tales errores o fracasos sean consecuencia de una acción poderosa del déspota y no por una lucha intestina entre los aliados. Fracasos que nos unan aún más para perfeccionar la forma de lucha, por qué éticamente nos sabemos partícipes de un “Nosotros”. Me gustaría leer en la prensa que los dirigentes de los países aliados, afirmen que esperan orientaciones y se abstengan de decirnos cómo debemos liberarnos, porque tienen conciencia que se gesta un movimiento consistente y coherente, entre los diversos y opuestos líderes.  
Desearía que nos sorprendieran una mañana a los venezolanos de a pie, por una acción que pareciera improvisada por unos líderes, pero que los otros estuviesen articulados con otras acciones complementarias y así descolocar al déspota. Tal vez desearía que se discuta, abiertamente, las alternativas de lucha… Desearía que ningún dirigente asumiera que es el conductor, sino que por el propio movimiento y su efectividad sea reconocido por todos.  Desearía que los políticos de experiencia fuesen capaces de donarla, sin pretender volver a un pasado donde ellos tuvieron su chance histórico.  Pero que si la circunstancia, los requiere, para que jueguen en un rol protagónico no sea porque estaban gritando a los cuatro vientos que ellos son los sabios y tienen la verdad, sino por su prudencia para criticar, evaluar y proponer; porque su palabra ha sido un concreto que amalgama y no una daga que hiere… y la juventud consciente, entonces, del juego y lo que implica, le da el pase de antorcha sin problemas…  
Desearía, si deseos…  ¡Qué terrible, en política, es plantear las ideas en clave de deseos! Tengo plena conciencia de eso…  pero la verdad, no sé cómo opinar, cómo argumentar, seguir argumentando lo obvio… sin unidad en la diversidad, el despotismo tendrá todas las oportunidades de ganar. Ha ganado… quién puede decir lo contrario… ¿Acaso no siguen en el poder aún con toda la minusvalía política? Si no hacemos conciencia de esta situación seguirá ganando, porque su táctica ha sido siempre ganar, un día más, su permanencia en el poder.
¿Optimista? ¿Pesimista? No, es peor, soy un iluso con deseos. Deseo que nos transformemos en volcán, en tsunami, con un equipo de ajedrecistas que se turnan en cada jugada para darle jaque mate al rey. Diré una contradicción en los términos fundacionales: Deseo, idealmente, un pragmatismo político ilustrado.
Hoy, día de la migración, ojalá migremos al reencuentro de una Venezuela capaz de rehacerse y defenestrando cualquier rasguño de despotismo.

sábado, 31 de agosto de 2019

SE NEGOCIA CON PODER

SE NEGOCIA CON PODER
Jonatan Alzuru Aponte
Si uno lee las redes sociales, artículos de opinión y declaraciones, sobre lo acontece en Venezuela, haciendo un juego de ficción, que se desconoce cuál es la disputa política y se hace el esfuerzo por comprenderla; lo que saltaría a la vista es una guerra verbal, discursiva, en distintos tonos y estilos, de todos contra todos, asumiendo desde cada parcela que se tiene la verdad, que representan al país y que son inclusivos. Desde cada trinchera se formulan tácticas y estrategias disímiles o similares con exclusión del otro. Desde los líderes hasta el ciudadano de a pie que hacen vida en estos espacios. 
Lo terrible políticamente de ese paisaje es que, en esa trama, el déspota se difumina y aunque no acrecienta su poder, esa dinámica social, se transforma en una condición para mantenerse y aprovechar para incrementar su represión selectiva y, a su vez, trazar líneas de desestructuración de las pocas instituciones que débilmente sobreviven.  
Si no se atiende este asunto con la urgencia y la seriedad política necesaria (coherencia entre discurso y acción), para articular un movimiento de movimientos contra el opresor, cualquier acción será inútil. Peor aún, si se acuerda con el opresor una solución electoral, sin resolver la unidad dentro de la diversidad, con acuerdos mínimos en tácticas y estrategias, entre los principales interlocutores, así como partidos y movimientos sociales, aunque el apoyo popular del déspota sea mínimo, tendrá una condición favorable para perpetuarse y, peor aún, con embadurnamiento de legitimidad.  
La responsabilidad que el déspota continúe en el poder y avance en sus propósitos no reside, exclusivamente, en su apoyo internacional de Rusia y China, ni en los cagatintas  que habitan en el país y en América Latina, ni en las mafias con charretera que lo asisten, sino en gran medida por la ausencia de una política de confrontación articulada entre los diversos y opuestos actores que dirigen los distintos fragmentos sociales en los que se ha convertido la oposición venezolana, aunado a la desmedida lógica de atacarse  unos y otros, hasta intentar que desaparezcan de la escena pública. 
La tragedia es una ausencia de voluntad de poder. Quien desea el poder, en el sentido más instrumental y más egoísta, utiliza los mejores medios para alcanzar su fin. Y el mejor medio para liberarnos de la opresión y asumir el poder en Venezuela, pasa por tener un discurso, una táctica y una estrategia coherente (discurso, toma de decisiones y acciones) que coaccione por la buena práctica hasta quien disiente de la política que se impulsa. Condición para articular a todos (dígase los que consideran ilegítimo, ilegal y despótico a quienes ejercen el poder) en una dirección para lograr el objetivo.
Quienes piensan que tomar decisiones en instituciones, en partidos o en movimientos sociales o políticos, en el contexto venezolano (migajas), es preservar cuotas de poder, carece de pericia, experiencia y teoría, a propósito de qué tratan los ejercicios del poder. Es un súbdito. Quien desconozca la capacidad que ha tenido el régimen despótico para manejar acertadamente las coyunturas y las confrontaciones políticas, hasta ahora, carece de sentido de realidad y, por lo tanto, es incapaz de autoevaluarse, rectificar y buscar solidez en las acciones que conduzca al derrocamiento del despotismo.
Quienes, siendo dirigentes, consideran que el problema de nuestra debacle como movimiento contra el despotismo es causado por quienes opinan en las redes, evaden la responsabilidad de la dirección política y lo peor, ignoran un asunto básico del ejercicio político: la acción y el discurso consistente que la explica dado por quien la propone. Los líderes, lo son, porque su palabra genera acciones. Las acciones y no el discurso es lo que configura la práctica política, dígase, su eficacia o no.
Creer que se está en la misma situación que enero, febrero o marzo, con respecto a la lucha contra el despotismo, es cegarse. El despotismo ha logrado legitimarse como interlocutor válido, internacionalmente. De forma simultánea, desestructuró en la práctica a la Asamblea Nacional, a través de la prisión y el exilio. Y genera situaciones particulares para que se desvíe el centro de atención, de atacarlos para derrocarlos a defender particularidades, como es el caso de las universidades.  Si no se defienden se pierden y si se coloca toda la energía en ese asunto, se desvía el foco.
Golpear al régimen es transformar eso particular, las universidades, en una bandera para el objetivo central, el desplazamiento del poder.  Es una acción (defender y avanzar en la re-institucionalidad universitaria) que, si el liderazgo la evalúa, podría ser un extraordinario detonante para incrementar acciones de calles tratando de alcanzar objetivos concretos.
El mejor momento para sentarse a negociar la salida con un déspota es cuando está débil, porque es el momento para incrementar los costos para ellos y disminuir sus beneficios hasta hacerlo insignificante; se negocia cuando se tiene poder de acción con eficacia y eficiencia. Pero eso supone acrecentar la confrontación interna contra el déspota y, para ello, la condición sine qua non, es la consolidación de un acuerdo mínimo de tácticas y estrategia entre la dirigencia (opuesta y diversa) para impulsar un movimiento de movimientos.  De lo contrario, seguiremos hundiéndonos en un fango construido por el despotismo y alimentado por nosotros mismos.