viernes, 3 de noviembre de 2017

APRENDAMOS PARA ALCANZAR LA VICTORIA

APRENDAMOS PARA ALCANZAR LA VICTORIA
Jonatan Alzuru Aponte

El frente amplio no es un deseo sino una necesidad histórica. Es un espacio de construcción colectiva de una política para liberar a Venezuela y para reconstruirla. 
Para que logre su objetivo debemos aprender, con urgencia, a procesar las diferencias; aprender a impulsar proyectos políticos donde se incorporen los disensos. Una práctica que no suponga que el otro debe plegarse a juro y porque sí, a una mirada y a una práctica de quien dirige o lo que piensa la mayoría. Los disensos y las diferencias no son una debilidad, más bien, son nuestra máxima fortaleza.
Quien escribe, lo aprendió a través de muchos años.  Mi aprendizaje se demoró mucho por mi prepotencia e intolerancia hacia los otros, quince años. Sin embargo, estuve en una formidable escuela, el Centro de Investigaciones Postdoctorales que existió en la UCV (1989-2011).  Sus fundadores no solo lo predicaban sino lo ejercían en la práctica. Rigoberto Lanz -(¡Por favor! si le produce incomodidad ese nombre, piense que no me interesa la persona sino su enseñanza; haga el esfuerzo por centrarse en la enseñanza, esto es vital).
Decía: Rigoberto Lanz desde que fundó el equipo de trabajo que se inició hace cuarenta años, en 1977 y que se institucionalizó en 1989, promovió el trabajo con el que disentía, incorporando en el equipo, en revistas y en sus libros a pensadores opuestos a él. El CIPOST fue un Centro donde ninguno pensaba igual al otro, incluso eran opuestos y eso generaba roces, fracturas, serias discusiones, molestias, pero tenían claro el horizonte: hacer un Centro de Investigación distinto. Actualmente, en nuestras librerías, se consigue la redición del libro “Cuando todo se derrumba”, editado por Bid & Co y REDIVEP; su importancia es que se inicia con el antiprólogo de Miguel Ron Pedrique, otro de nuestros fundadores. Pensaban distintos, opuestos, disentían, pero eso se expresaba de forma conjunta en un libro.  También pueden leer “Fragmento de un hacer” publicado por Bid & Co; donde recoge la experiencia de los fundadores.
Apenas a finales del año pasado, publiqué el libro “La vida en breve. Miguel Márquez” que fue cuando me atreví a que me antiprologaran; lo hizo de forma magistral, Gonzalo Ramírez, quien piensa radicalmente opuesto a mí y me hizo críticas tanto de contenido como de mi actitud de lectura durísimas, en su presentación.  Allí concreté, junto a él, por vez primera, lo que me constituía culturalmente: La celebración de la diferencia, sin concesiones. Esa experiencia educativa es vital aprenderla, en la práctica política, para configurar el Frente y alcanzar la victoria.
 Aterricemos. La fractura de la oposición no fue por el evento electoral de las regionales; sino por la prepotencia que en la práctica se manifiesta como intolerancia hacia el otro, al que piensa distinto; intolerancia por el que disiente de los acuerdos. El evento electoral es un efecto de esa actitud, antes, durante y posteriormente. Eso es lo que hay que combatir, desde ya, ni siquiera por convicción, sino por necesidad práctica: la intolerancia y la prepotencia; estimulando de forma simultánea la capacidad para acordar y disentir, manteniendo de forma sólida, un proyecto político común.
Valga un ejemplo. La mayoría de los partidos acordaron asistir al evento electoral de las regionales; dos partidos, Alianza Bravo Pueblo y Vente Venezuela, de forma autónoma decidieron no asistir. Celebrar el disenso e incorporarlo significaría lo siguiente: Ambos partidos explican su razonamiento del por qué no asistirán, en qué están en desacuerdo, sin acusar al resto de traidores; simplemente tienen una visión dentro de la coyuntura distinta, aunque comparten un horizonte común, la estrategia es común. Los otros, tampoco acusan a los disidentes, sino por el contrario, le ofrecen al pueblo el horizonte mayoritario y también el camino disidente. Esto supone no pensar que la multitud, las comunidades, el pueblo, son un rebaño infantil que hay que arrear, sino que es capaz de decidir; tal como fue en la práctica, el ciudadano tomó su decisión.
Se realiza la elección y tal como sucedió, se ganan cinco gobernaciones; cuatro se desprendieron del horizonte común; porque se arrodillaron frente al tirano, porque reconocieron a la Asamblea Dictatorial Constituida, porque en definitiva se burlaron de los electores.  Ese imponderable, jamás lo podemos sortear, las decisiones indignas siempre están en las esquina y cualquiera puede ser presa de la ambición, de la miopía política y en definitiva de la estupidez.  Allí es un costo para todos. Lo importante es saber cómo minimizar su efecto y cómo maximizar cualquier logro que se oriente hacia el horizonte común.
Pero se ganó una, la del Zulia, a pesar de todas las circunstancias.  Celebrar la dignidad del candidato es transformar esa postura individual y del partido en una acción colectiva, donde todos, incluyendo a los disidentes de esa táctica,  podrían juntarse hombro a hombro; tal vez, señalando sus aciertos en la mirada de la coyuntura pero defendiendo al compañero en la calle, manifestando y subvirtiendo, imposibilitando la arbitrariedad de una nueva elección o su inhabilitación. Haciendo de ese evento la ocasión precisa para aclarar, en la calle, con la protesta, que la Asamblea Nacional no está derogada y que es frente al poder constituido que el candidato debe juramentarse, porque la finalidad de la Asamblea Dictatorial Constituida, en todo caso, es hacer una nueva constitución; pero como también es un  horizonte común no acatar sus mandatos, entonces, se maximiza la protesta.
Pero imaginemos, en el supuesto negado, que lo dejasen gobernar; se trata de no aceptar ninguna imposición como esos supra gobernadores nombrados a dedos por el poder, protestar allí con fuerza, con unidad y, simultáneamente, todos, aportar con inteligencia a los mejores cuadros para el ejercicio de gobierno, sobre todo los que disentían. Y en esta nueva etapa de lucha, quien era minoría en el proyecto en tanto disidente, empieza a ocupar un puesto mayor de comando por su mirada acertada; entendiendo que la dirección colectiva siempre rota y no rota por elección, sino por la pericia en el manejo de las coyunturas. Pero, entendiendo, además, que la coyuntura no es lo sustancial sino el horizonte, transformar a Venezuela, recuperar el espacio público y, en definitiva, salir de la esclavitud.
No pierda tiempo refutando el ejemplo o buscándole cuatro patas al gato. Elevemos la mirada. Lo importante es tener la inteligencia práctica para generar acciones, cuando exista disenso (que no  será siempre) e incorporarlo dentro de una estrategia común. Esto no es una receta, sino una actitud en el trabajo cooperativo. Es una práctica diaria que nos conduce a minimizar la prepotencia, la intolerancia y a maximizar las potencialidades de cada persona, grupo o asociación.  La reiteración de esa costumbre irá configurando, desde ya, una cultura democrática.

Este escrito está pensado para nuestros dirigentes desde nacionales hasta locales y, para a todo aquel que comprenda que puede transformarse  en un dirigente de su propia vida en el ámbito político, desde el campo virtual hasta su acción en su comunidad.  No es un reto teórico, sino una urgencia práctica; el país requiere de un mayor esfuerzo que el realizado hasta ahora.  Luchemos por la configuración de un Frente Amplio y es el mejor momento porque hay un repliegue de la ciudadanía, es el momento de trabajar en las bases. 

martes, 31 de octubre de 2017

LIBERACIÓN Y RECONSTRUCCIÓN DE VENEZUELA

LIBERACIÓN Y RECONSTRUCCIÓN DE VENEZUELA
Jonatan Alzuru Aponte

Urge la construcción de un frente amplio de lucha, para el rescate de la vida en Venezuela. No es un frente para ganar elecciones, sino para liberar al pueblo venezolano del yugo explotador que le está robando la vida al pueblo.
Basta solo pensar el tiempo que requiere estar en una cola para conseguir el producto de la cesta básica, el tiempo para  buscar, hacer la cola y comprar una medicina, lo que se invierte en recoger agua, en limitar su uso diariamente; el tiempo para conseguir cualquier repuesto de cualquier aparato o automóvil; el tiempo que se invierte en el trabajo para conseguir un salario que no alcanza para satisfacer las necesidades… por lo tanto, el tiempo que se debe invertir para buscar un rebusque que le posibilite un poco más de dinero… al sumar todo ello, se evidencia que no hay tiempo para vivir, para compartir en familia, para usar el tiempo en aquello que lo hace distinto al resto de la naturaleza, crear y recrear la existencia… Y, si por casualidad, alguien logra un mínimo de tiempo para salir de ese estado de esclavitud, se arriesga a que le roben la vida por el desate incontrolable de la delincuencia.  Nos han convertido en una sociedad de bachacos, de vasallos; han transformado el país en un gran campo de concentración contemporáneo. La liberación es para recuperar la condición de humanidad.
Ciertamente, a finales de los noventa llegó un aire libertario que fue recogido políticamente por Chávez, fue una esperanza que prendió en Venezuela y en América Latina. Pero al pasar de los años se evidenció que cambiaron los rostros, pero se mantuvo la cultura… la cultura de acrecentar la riqueza por cualquier medio y PDVSA que se abría al pueblo, terminó en los bolsillos de la dirigencia; el mismo afán de lucro los condujo a buscar el dinero más seguro, cuando se tiene el aparato del estado, un control de cambio para multiplicar sus cuentas en dólares, mientras el pueblo empezaba a pasar hambre; pero el afán de lucro fue un motor exponencial y los condujo a incrementar la riqueza aún más y por eso pensaron que mejor que el petróleo, que ya lo tenían y el control de cambio, que ya lo tenían, era el narcotráfico y también incursionaron en él. De revolucionarios a delincuentes fue el proceso de descomposición putrefacta  de la dirigencia.
Se impulsaron políticas internacionales importantes, estratégicas, como UNASUR, el ALBA, Petrocaribe, para competir en el mercado internacional contra las grandes trasnacionales, mientras en lo local se destrozaba a la industria nacional y la poca producción agropecuaria que existía fue sustituida por la inercia, el despojo  con un discurso infantiloide destrozaron el pequeño parque industrial que existía –(con perdón de los bellos y admirables niños) discurso de una izquierda que confunde las ilusiones y los sueños con lo real o lo que es lo mismo, confunden una cabeza de gallo con una cabeza de perro-  como si fuese posible aliarse sin producción;  reactivando así, en la práctica, la cultura medieval: debemos vivir en un valle de lágrimas para que algún día llegue el reino de los cielos; cultura medieval para el pueblo, dirigido  y programado para los pobres, enajenando su condición de existencia, porque la clase dirigente se apropió  de la república como los nuevos señores feudales. No es casual que el único país que decreció y se empobreció de forma inhumana de la alianza latinoamericana fue Venezuela; y, a su vez, la clase dirigente se encuentra entre los más ricos del mundo.
Obviamente, perder esos privilegios que tienen, como nunca antes en la historia de nuestro país, los conduce a utilizar todas las tácticas y estrategias para no perder sus posición, ayudados por países que les interesa mantener la relación política y económica, por el usufructo de la riqueza que todavía obtienen de nuestra tierra, de nuestro subsuelo.
Como dice el viejo comandante Tupamaro del Uruguay, Pepe Mujica “… a los que les gusta la plata, hay que correrlos de la política, hay que sacarlo a patadas del ejercicio político…” La sentencia lapidaria marca una frontera, clarísima, entre los nuevos señores feudales y el pueblo republicano, pero también entre los aspirantes a ser miembros de la corte que están en la oposición, deseando estar allí, para apropiarse de la mina que se encuentra en nuestra tierra; y si no pueden, se arrodillan, aunque sea para que les den unas migajas, como las meretrices de los reyes. Se les conoce sus agallas también y por eso es necesario partir las aguas en dos, para empezar, sin claudicar, un nuevo momento de la lucha. Derrotado es quien deja de luchar.
No es tiempo de seguir a encuestadoras, ni a los maquilladores de imagen; es tiempo de la política con mayúscula. Es tiempo alciónico, porque de los fracasos se aprende más que de las victorias; es tiempo de creación gustosa. Es tiempo de bajar las voces en los medios y acrecentar las voces en la organización de nuestro pueblo. Es el tiempo que comande la pasión política.
Hay que dejar que las gallinas sigan cacareando en su corral; mientras se empieza un trabajo de base, acelerado y sin descanso, discutiendo, organizando, en los barrios, en los edificios, en las urbanizaciones de clase media y alta, entre los obreros, entre los campesinos, entre las organizaciones civiles, religiosas, estudiantiles, universitarias, entre los partidos políticos que sean capaces de desprenderse de sus medianas y pequeñas visiones de mundo; invitando a intelectuales de cualquier tendencia, porque no hay que pedir carnet cuando está en riesgo la condición humana; convocando sin miedo ni complejo a los industriales, a los empresarios, a los dueños de medios de comunicación, no para que marquen pauta, ni tampoco como pocillos de riquezas, sino para que se unan como iguales, como tiene que ser en la república y que la política sea la brújula en la discusión, en la organización, para preparar y ejecutar una batalla democrática y republicana, sin precedentes, para la liberación y reconstrucción del país.   

  

jueves, 26 de octubre de 2017

VENEZUELA:LIGEROS DE EQUIPAJES

VENEZUELA: LIGEROS DE EQUIPAJES
A los amigos.

Queridos amigos y amigas, escribo lleno de fuego, de pasión política y ligero de equipajes.
Escribo con los brazos en alto, para gritar desde las letras que la experiencia de la libertad es una aventura siempre posible y que tenemos que levantarnos de nuevo, como hombres, como mujeres, como comunidad; que es posible en medio de nuestra máxima dificultad apostar por una sociedad más justa, más fraterna, más humana; que el camino a elegir no es cualquiera, porque la forma de hacerlo y la forma cómo lo transitamos nos configura como personas y como comunidad; vengo a gritar que es posible luchar contra una minoría cuyos bolsillos tienen la marca negra y blanca; blanca de coca y negra de petróleo que resumen las dos fuentes de riquezas de quienes explotan a nuestro pueblo. Les invito a despertar, a tener el coraje de levantarnos y empezar de nuevo.
El asunto crucial no reside en ir o no a las elecciones, tampoco si se coloca una barricada o se tocan cacerolas, mucho menos si es con piedras o con nuestros cuerpos que se enfrenta a los aparatos represivos del estado. El asunto fundamental reside en la fe y la esperanza que se aloja en los intestinos y en los huesos, en la convicción profunda que unidos, sin odios ni retaliaciones pero con determinación, podemos empezar a forjar el futuro en el presente sin discriminación ni exclusión; practicando en nosotros mismos la tolerancia y el perdón, que solo de esa manera podemos encender la antorcha que prenda la llama de la victoria que no es otra que la apuesta por una vida que valga la pena ser vivida en comunidad.
Hermanos, amigos, conocidos o quien me lee, no escribo desde el aire sonoro de las bibliotecas, ni desde la seguridad que ofrece el calor de la familia o desde la certeza de un salario de quince y último… escribo desde la absoluta intemperie, hospedado en el Belén humilde una familia que supo a bien abrir las puertas de su corazón para acoger a un extranjero que salió huyendo, en un exilio forzado, hace ya más de seis meses y que tocó a sus puertas ligero de equipaje.
En estos meses he vivido en una gran universidad, la de la vida en incertidumbre, sin equipajes, sin títulos ni oficio por hacer, donde por momentos he sentido una profunda soledad y abofeteado por la indiferencia hostil de unas autoridades universitaria donde he pasado casi toda mi vida, a quienes les supliqué vía correo y a través de los amigos que por favor, por humanidad, me diesen un aval de mi carrera académica, requisito que me pedían para darme un trabajo en el  único oficio que sé hacer y recibí solo silencio y pasó aquella oportunidad.
Les narro esto no con el afán de generar lástima. ¡Dios me libre! Más bien para graficar mi circunstancia que es infinitamente mejor que la de miles de venezolanos que cruzan la frontera con la muerte tatuada en su mirada, infinitamente mejor que la de aquellos que buscan un bocado de pan para saciar su hambre en la basura, infinitamente mejor que aquellas madres que visten el luto de su hijo muerto por ilusiones perdidas, infinitamente mejor que esos pobres de alma y espíritu que han doblegado su dignidad por el rastrojo de una seguridad circunstancial y, por supuesto, es mejor mi circunstancia que la de tantos ciegos que están apegados a ideas, fórmulas y programaciones que les impiden o tal vez, tienen temor, qué se yo, de abrir los ojos y encontrarse con el rostro ensangrentado y sufriente de nuestro pueblo.
Escribo, justo en el momento, que amigos suplican a las autoridades por mis notas de pre y postgrado, para que pueda revalidar mis títulos y así logre tener un mínimo de seguridad; pero realizo este escrito, poniendo mi carne en el asador, a riesgo, por mis convicciones e ideales que se materializan en lo concreto en la denuncia férrea y sostenida de la corrupción que en mi Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV, condujo al despropósito vergonzante y vil, de destrozar el Centro de Investigaciones Postdoctorales, de la estafa al estado venezolano cuya Alcaldía Metropolitana, dirigida en dos períodos el de Juan Barreto y el de Antonio Ledezma, realizó senda inversión millonaria para el fin que estaba destinada la sede y desde el 2011 de forma exprofesa se dejó deteriorar… cual Judas por treinta monedas… Es una lucha porque tengo la convicción que el saber institucional puede ser una palanca de transformación del país.
Les cuento también la lucha pequeña e insignificante que me ha tocado librar, para decirles que el reto que tenemos como pueblo es infinitamente superior, que mi experiencia de lucha es una bobería frente a la batalla que debemos librar como pueblo, pero que ni las pequeñas ni las grandes batallas, se pueden realizar sin despertar, sin creer que es posible; sin creer en los que nos decía ese gran maestro y poeta, Aquiles Nazoa, creer en los poderes creadores del pueblo. Quedarse callado, doblegarse, ser indiferente, es asumirse como un cadáver ambulante en medio de la podredumbre. La resurrección está en nuestras entrañas.
Ligero de equipaje es una expresión que leí de un sacerdote indio, Anthony De Mello, quien afirmaba que el que piensa como marxista, liberal, cristiano, musulmán, budista o judío, no piensa sino que la ideología o la religión lo piensan; que el asunto es despojarse de bienes, de esas tradiciones teóricas o religiosas, de los odios y de las venganzas, y abrir los ojos como niños, para lanzarse a vivir la experiencia de la libertad en la vida ordinaria.
La imagen y consigna del sacerdote jesuita indio, puede parecer una prédica de un místico sin sentido político, pero…. Léase bien…. Pero HOY… en nuestra América Latina, ligero de equipaje, es la consigna política que proclama y resume como lema de vida,  de su vida… reitero, hoy, es la consigna de uno de los expresidentes que han dado un testimonio fundamental a propósito de qué trata el ejercicio político, la pasión política, se trata del anciano campesino, uruguayo, revolucionario y militante del amor y la felicidad, que se llama José “Pepe” Mújica, inspiración fundamental para nuestro pueblos latinoamericanos.
Hermanos, ando ardiendo en fuego y vengo asumiendo en mi cuerpo, en mis intestinos, la consigna política de lucha, ligeros de equipajes para transformar nuestras vidas y la vida de nuestro pueblo. Encendamos la esperanza, celebrando las diferencias, con una guerra sin cuartel contra la indiferencia, la apatía, la desesperanza pero sobre todo contra la opresión y el terror. Valga, mi mensaje y llamado a mis amigos, a mis compañeros de camino y a los compatriotas que siguen apostando por una vida mejor.


martes, 24 de octubre de 2017

EVALUAR, REFLEXIONAR PARA CONFRONTAR

EVALUAR, REFLEXIONAR PARA CONFRONTAR
Jonatan Alzuru Aponte
Quienes sosteníamos, desde julio, que la línea política de Henry Ramos Allup era errada y que nos iba a conducir a una situación peor que antes de las protestas de este año, podemos actuar de forma prepotente en las actuales circunstancias. Aunque la actitud es humanamente comprensible no contribuirá en nada políticamente hablando para seguir en la lucha contra la dictadura.
Igualmente, la decisión desacertada y terrible, por parte de los gobernadores electos de Acción Democrática al legitimar la Asamblea Dictatorial Constituida, nos puede conducir a una situación de malestar, angustia y depresión que paraliza la acción política. Incluso, la evaluación de sus desaciertos, la manera y forma de abordar tales actos pueden generar más divisiones, más fracturas, más dolor y en definitiva, se maximiza el clima de desconsuelo que le interesa a la dictadura para consolidarse y perpetuarse.
De lo anterior se desprende que es vital, pensar, reflexionar no tanto en los otros sino cómo cada quien, persona u organización, enfrenta la situación para rearticularse, para seguir en la lucha, para no estancarse. Es un momento crucial para trabajarnos como sujetos. Dependerá de la forma y manera cómo cada dirigente aporte desde la sindéresis, la calma y el autonanálisis para saber cómo seguir en la lucha.
Es necesario evaluar para aprender de los errores y no para quedarse, inútilmente, en un rosario de culpas. Es urgente digerir lo que sucede para salir del clima de desesperanza que inunda los huesos de cada venezolano. Esa situación de nuestro cuerpo social es el perfecto para que se consolide la dictadura. Tomemos antibióticos para la cura de nuestra enfermedad como pueblo para recuperar la sanidad y enfrentarnos con fuerza a la dictadura con disfraz de democracia que va en camino a su consolidación con pretensión de eternidad, si no actuamos con prudencia, honestidad, fortaleza y valentía en las actuales circunstancias.
La situación actual supone reconocer antes que nada que el gobierno y su Asamblea Dictatorial Constituida, se han consolidado y tienen un refrescamiento de legalidad. Eso clarifica a quién nos enfrentamos.
Como las tácticas y estrategias en política, así como en los deportes,  se miden por los resultados y por sus procedimientos, sin lugar a dudas, las formas y manera de estructurar e implementar las decisiones a partir de la fractura de la unidad, en Julio, fue errada y es absurdo valorarlo de otra manera. 
El viraje que se hizo de protesta e insurrección a elecciones sin protesta ni insurrección, fue un desacierto mayúsculo, acompañado del conjunto de decisiones previas como realizar acuerdos y negociaciones tras bastidores o dejar que el gobierno jugara con el cambio de condición de nuestros presos de cárcel a casa a su antojo, son elementos a evaluar. Los resultados están a la vista. Cada vez que se está en una situación crítica, el gobierno hace un movimiento con la intención de sorprender y la oposición en vez   de seguir la línea que se traza, se desarticula con el movimiento del gobierno. Esto ha de evaluarse, para no tropezar con la misma piedra.
Ahora bien, estamos en la peor crisis social de la historia de nuestro país como mínimo del siglo XX y de lo que va del presente. Basta un dato para colocar el paisaje claro, el mejor salario de un profesional de clase media está en el orden de 10 dólares, el de un docente universitario oscila entre cinco y seis dólares y un cartón de huevos y un kilo de carne cuestan dos dólares. El hambre es descomunal. Los pobres están en la peor miseria de su historia.
Sin embargo, tal situación no genera un estallido social porque la dictadura ha utilizado, de forma eficiente, el hambre como mecanismo de opresión, articulado a políticas económicas y sociales para que la sobrevivencia dentro del campo de concentración que es Venezuela dependa del sometimiento a su voluntad. De allí que una situación favorable para la protesta e insurrección, es al mismo tiempo, la mejor condición para la opresión. Esto hay que evaluarlo con suma delicadeza porque depende de la interpretación que se realice es para que se pueda construir formas de lucha.
Un paso fundamental en las actuales circunstancia es escuchar a las comunidades organizadas, a las organizaciones civiles, al pueblo, tratando de combatir a todo dirigente cuya miopía lo conduzca a echarle la culpa al pueblo. También es una etapa dura porque implica deslindar con aquellos que han legitimado a la dictadura este es un paso imprescindible para recuperar la credibilidad. Y los que hayan cometido errores pero que desean continuar en la lucha, la única exigencia será su testimonio.
Ojalá que quienes se entregaron servilmente a la Asamblea Dictatorial Constituida, reflexionen, piensen en sí mismos, en su historia, en sus familias, en sus hijos, se visualicen en el mediano plazo y sean capaces de pensar en el ejercicio de poder en grande, trascendente, en la trasformación de Venezuela y con valentía se autocritiquen y sean capaces de ofrendar sus vidas por Venezuela, de lo contrario, no es posible conciliar ni un ápice con ellos y el deslinde no solo debe ser con ellos sino con la línea que ha impulsado Ramos Allup que fue acatada no solo por su partido sino por el grueso de la Mesa de la Unidad. Este paso será el más dramático pero la operación del tumor es vital para la cura.

La conciencia que la dictadura no caerá sin protesta e insurrección articulada al movimiento político internacional es un horizonte que no se puede sacar de la ecuación, más bien es la primera certeza para empezar el trabajo urgente que requiere el país. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

CRISIS, FRACTURA ÉTICA Y SALIDA POLÍTICA

CRISIS, FRACTURA ÉTICA Y SALIDA POLÍTICA
Jonatan Alzuru Aponte

Hay que votar en las regionales, listo. El gobierno y la oposición se vuelven a encontrar. Se han reunido de forma abierta y clandestina, sin ningún resultado para la población, a lo sumo beneficios parciales a individualidades, casa por cárcel o régimen de presentación. Los puntos de la agenda por parte de la oposición hasta ahora, al parecer, son los mismos o, por lo menos, es lo que se escucha. Todos importantes y valiosos. Pero esperemos que no se limiten a los puntos que se planteaban incluso antes de marzo del presente año y el debate arranque por la raíz. En la situación actual, un acontecimiento estructural, de raíz, es la Asamblea Dictatorial Constituyente. Asumir ese acontecimiento como que no pasó nada sería un ingrediente más al deterioro ético que cada día sufrimos los venezolanos, vivan en Venezuela o en el exterior.

Un éxito, sin duda alguna, del gobierno ha sido el deterioro ético de nuestro pueblo, de nuestras instituciones; es un éxito porque al deteriorar éticamente a una población se domina con mayor facilidad por un lado y, por el otro, genera las condiciones para una corrupción generalizada que imposibilita, ata de manos, en las negociaciones a aquellos que los adversan.

El vocablo ético alude, en nuestro contexto, a la eticidad sustancial, dígase, a las costumbres, hábitos, formas de actuar en la vida ordinaria de los sujetos entre sí, de los sujetos con las instituciones, de las personas en las instituciones y de  la forma cómo las instituciones se relacionan entre sí y deciden asuntos que afectan para bien o para mal a los ciudadanos.

El deterioro de los servicios básicos agua, luz, gasolina, aunado a la falta de alimentos y medicinas, de forma sistemática y sostenido en el tiempo, tiene el efecto social que lo ciudadanos, las personas, empezando desde los sectores más pobres hasta las clases altas, empiecen a vivir tratando de sobrevivir. Es una lógica de campo de concentración generalizada políticamente. Esto significa que la población lucha por satisfacer sus necesidades básicas, al existir pocos bienes y servicios, la vida ordinaria se transforma en un campo de batalla de todos contra todos, para alcanzar el mínimo bien para satisfacer las mínimas necesidades y sobrevivir.

La sobrevivencia pasa desde comer en la basura, acaparar comida y ser incapaz de compartirla ni siquiera con un familiar, irrespetar la fila y colocarse por encima de los demás, donde venden comida o medicinas, maltratar al hijo porque comió un poco más de lo que se establece para todos como lo mínimo, vender el cuerpo por un poco de comida hasta robar al vecino, al amigo, a la familia, medicinas, alimentos o bienes para comprar lo mínimo.

En términos de la teoría política clásica tal situación se describe como el estado de naturaleza.  Ese estado de guerra de todos contra todos, se replica en aquellos que tiene algún tipo de poder o status social, de allí que el clima se hace propicio para corromperse, venderse. Cada quien lucha de cualquier manera para sobrevivir individual y, de tener posibilidades, comunitariamente, privilegiando a sus familiares y amigos más cercanos. Mientras se prolonga en el tiempo tales prácticas, el deterioro institucional y la descoyuntura social es mayor.  La cohesión social y los valores para una mínima convivencia, se deterioran. Esa guerra en la vida ordinaria produce una desconfianza de todos contra todos. Esa es la mejor condición para que los déspotas consoliden su poder.

Aunado a lo anterior, la falta de una ética normativa institucional mínima, maximiza la arbitrariedad de las personas. “Hago lo que me da la gana porque sé que no existe sanción”. Y toda sanción que exista dependerá no de los actos, sino de la solidaridad mecánica o no que se tenga con el poder. De allí que un corrupto se siente a sus anchas, si y solo si, está con el poder. Eso que sucede en el ámbito político se replica en todas y cada una de las instituciones de nuestra Venezuela. No importa la arbitrariedad del director de un colegio, de una clínica, de una universidad, de un partido político, de una asociación civil, de un condominio y, a veces, hasta de una comunidad religiosa, porque al final de las cuentas todo sigue, todo es válido, todo se olvida, nada se sanciona; porque en un estado naturaleza lo que importa es la sobrevivencia.

El cálculo político actualmente no se trata de abstención o votación. Esa discusión es verdaderamente pedestre; tampoco de negociación, diálogo o no. Son falsos dilemas. Se trata de cómo utilizar todas las formas de luchas ciudadanas, comunitarias, articuladas con los países aliados internacionalmente para impedir que el gobierno se mantenga en el tiempo y de cajón votar forma parte del equipaje.
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Una política planteada como “paso a paso”, no solo generan más muertes, no tan escandalosas como en las protestas, porque los muertos por el hambre y por la falta de medicinas no llenan titulares como héroes sino que se representan en cifras sin biografías, sino también, produce una situación que cada vez se hace más compleja de revertir, el deterioro de la eticidad.  Además, el deterioro de la eticidad  es directamente proporcional a la probabilidad de permanencia de la dictadura, a mayor deterioro, mayor probabilidad de permanencia en el ejercicio del poder del déspota. Por lo tanto, es imprescindible recortar el período presidencial de Maduro. Obviamente, una negociación que tenga esa finalidad no se logra, ni siquiera es posible plantearla en la mesa de diálogo, sin no existe una fuerza que respalde esa propuesta;  la fuerza de los negociadores la posibilita la ingobernabilidad del país, aunado a la presión internacional.

Toda negociación que no tenga ese punto en la agenda, lo que hace es maximizar el tiempo de estadía del gobierno en el ejercicio del poder.

La ingobernabilidad se logra a través de la protesta y la insurrección; esa fuerza es la que permite una negociación porque minimiza, por supuesto la asimetría entre el gobierno y la oposición.

Para detener mínimamente la descomposición ética se requiere que dentro de las instituciones, en los partidos políticos  y en las comunidades,  hombres y mujeres, sean capaces de asumir con coraje, prudencia,  honestidad, pero sobre todo con  valentía, no solo denunciar a los opuestos, sino a cualquier aliado, amigo, familiar cuyas acciones contribuyan a ese deterioro; sin limitarse a la denuncia sino que se produzcan prácticas ejemplarizantes para la ciudadanía, para las instituciones, para la sociedad, los delitos no tienen por qué asimilarse, son responsabilidades individuales y tienen costos; peor que el silencio es la falta de decisión para corregirlos. No hacerlo es contribuir a la configuración de una sociedad de cómplices; es como permitir la expansión de la podredumbre. Dice el adagio popular: “prefiero solo que mal acompañado”.

Testimonio ético, protesta, insurrección, negociación y elecciones es una ruta que apuesta a menos muertes, menos sangre y menos sufrimientos para los venezolanos. Y se transforma en piedra angular para una reconstrucción de nuestra sociedad, sin exclusiones ideológicas, en unión nacional desde la diferencias sociales, políticas, y religiosas. .



lunes, 11 de septiembre de 2017

DETENGAMOS LA MUERTE ANUNCIADA

DETENGAMOS LA MUERTE ANUNCIADA
Jonatan Alzuru Aponte

A veces, leerse en el tiempo, contrastar las hipótesis que se tenía con la realidad y acertar, no provoca la satisfacción que como estudioso de la sociedad cualquiera puede imaginar; más bien producen dolor, congoja e impotencia. El 6 de agosto escribí sobre dos posibles escenarios. El primero desconocimiento radical del gobierno y todas sus instituciones, incluyendo al CNE, asumiendo como formas de lucha, la protesta y la insurrección, tensando la cuerda hasta un límite donde el gobierno dada la ingobernabilidad y la presión de calle, aunado a la presión internacional, negociara unas elecciones presidenciales.

La segunda alternativa era la tendencia que fue liderada por Henry Ramos Allup, asumir la ruta electoral sin protesta ni insurrección; sino  paso a paso. Camino que conduciría a una fractura de la oposición, una desarticulación del movimiento juvenil, abstención electoral y, una postergación de la confrontación para conquistar Miraflores.


El 27 de agosto, asumiendo que había tendencias que buscaban una vía intermedia donde se unieran el trípode, protesta, insurrección y elecciones, hice un llamado al liderazgo juvenil para que protagonizaran esa vía que es distinta al paso a paso que ha venido planteando el Secretario General de Acción Democrática y sentía que con más fuerza se iba imponiendo dentro del seno del liderazgo opositor.


La realidad del 11 de septiembre.
Suspensión de la protesta desde finales de julio. Tampoco han existido estímulos, testimonios contundentes de la dirigencia que se transformen en la levadura del movimiento popular. La línea ha sido lo contrario.  Por lo tanto, un desplazamiento sin tiempo para que se produzca una coyuntura insurreccional; quedando como único camino el electoral. Imaginando que un gobierno como el que preside Venezuela -que no posee ninguna ideología, ninguna visión de mundo, sino es una organización mafiosa y déspota que tiene como único fin conservar el poder, enriquecerse y explotar a la sociedad marginalizándola- fuese capaz en algún momento de entregar el poder por vía electoral.  Imaginando que aquello que Capriles decía, en todas las manifestaciones, que se estaba en la calle porque se habían trancado todas las puertas y posibilidades;  ahora, gracias a la magia de algunas negociaciones ocultas que se hicieron en julio y con una legitimación de la Asamblea Dictatorial Constituida, es posible que en el 2018 entreguen el poder.

Mientras la dirigencia camina en esa ficción, liderada por Ramos Allup, se realiza unas primarias de forma ordinaria como si en el país no sucediera nada. Obviamente, la abstención fue brutal. Pero ciegos, sordos y no mudos, porque hablan, la dirigencia de la MUD, ahora sostienen que eso no quería reflejar una fuerza electoral, aunque la estrategia, exclusivamente, que se han planteado fuese electoral.

Esta crónica de una muerte anunciada es rescatable, porque las condiciones sociales, económicas y políticas no solo no han cambiado sino que el despotismo se ha profundizado. Basta decidir entre el camino que traza Ramos Allup, paso a paso electoral, que, por cierto, en términos de sus aspiraciones de migajas, sin transformación de raíz, le ha dado resultado a su partido y la decisión mayoritaria, la de  millones de venezolanos que apostamos a un cambio radical del gobierno, ratificada el 16 de julio, esto significa desplazar a Maduro del Poder, a través de la protesta, la insurrección y lo electoral.



sábado, 9 de septiembre de 2017

OJALÁ

OJALÁ
Jonatan Alzuru Aponte

Ojalá que la cúpula de CLACSO (El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) fuesen intelectuales de izquierda, tuviesen una mirada materialista tanto de la historia como de las realidades latinoamericanas y, sobre todo,  la venezolana; y no, como lo son, unos conservadores de un idealismo trasnochado cargado de conceptos que se desvanecen en el aire, a favor de la explotación del pueblo venezolano.

Ojalá es un documental biográfico de producción cubano-española, realizado en el 2012, donde se reconstruye la vida del cantautor cubano Silvio Rodríguez, uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana. En él, Silvio Rodríguez para graficar  cómo las condiciones materiales de existencia pueden transformar las visiones del mundo “de manera peligrosa”, sobre todo, para aquellos artistas que como él, que son íconos de la revolución. Coloca un ejemplo muy práctico. Relataba cómo fue el impacto de pasar  en la vida diaria, de esperar a que llegue el agua y cuando llega calentarla para bañarse con una olla,  hasta abrir la regadera en un hotel y sentir el agua caliente; en la entrevista dice el trovador,  que a partir de allí puede comprenderse lo que le puede suceder a un artista; la intención en el documental era  mostrar la fortaleza que deben tener los revolucionarios para asumir la vida en la patria, bloqueada por décadas, y no transformarse en un traidor que busca aguas calientes en otras tierras.

El gobierno de Maduro comprendió bien esa lección del pueblo cubano, fundado en aquella premisa de Marx que las condiciones materiales de existencia determinan la conciencia social. De allí que se dedicó a transformar las condiciones materiales del pueblo. Pero no nos escudemos en abstracciones; valga un botón de la vida diaria de los venezolanos. Venezuela es unos de los países del continente con más riqueza hídrica, teniendo una de las plantas hidroeléctricas, en una época, más moderna de América Latina, el Guri con capacidad para dar energía a otros pueblos. Los servicios de agua y luz están en manos del gobierno; no tienen competencia privada, ni es posible que los traidores vendidos al imperialismo yanqui decidan sobre ella, ni la perturben de forma permanente durante cuatros años; sin contar con la cantidad de represas existentes en todo el país.  Los explotadores del pueblo, transformaron a Venezuela, sin embargo,  en cuatro años en un país que pareciera que fuese limítrofe con el desierto del Sahara.

Los que viven, por ejemplo, en la ciudad capital, en los Chaguaramos, en sus colinas, muy cerca de la Universidad Central de Venezuela, zona que antiguamente formaba parte clase media, habitada por profesionales, pequeños y medianos empresarios, nos habituamos a la práctica que describe Silvio Rodríguez, un racionamiento de agua permanente, puedes abrir el grifo dos días a la semana, del resto estas en el Sahara. Aunado a esa práctica social, se suma la crisis alimentaria y de medicamentos, provocada de forma exprofesa al expropiar industrias, haciendas productivas, cadenas de supermercados y arruinarlos; eso ha tenido por objeto que la población se transforme en aquello que aprendió el joven Marx de su maestro Hegel, en esclavos, cuya fórmula de existencia la resume el filósofo del idealismo en alemán en: “Dormir, vivir, ser funcionarios”. Lo que Marx llamó el trabajo enajenado. Trabajar para vivir en una condición material mínima, muy semejante a la existencia de los animales que no son capaces de transformar el entorno sino que se adaptan, para alimentarse, guarecerse de las tempestades hasta morir. Y, como bien saben los explotadores del poder transformador del ejercicio intelectual, entonces, acompañan esa trasformación de las condiciones materiales de existencia con una política sistemática para arruinar a los centros de producción del conocimiento, proletarizándolos, un profesor universitario gana entre 15 y 20 dólares mensuales. Obviamente, esa política de proletarización de la clase media, conduce a las clases bajas a una transformación galopante en marginales, lo que Marx llamaba el lumpen que dentro de la teoría de Marx estaban imposibilitados para cualquier transformación social.

Ojalá que los científicos sociales de la cúpula de CLACSO, salieran de sus acomodados y antisépticos laboratorios abarrotados de papel, letra y de  aldea global; ojalá se despeguen del televisor y sus canales TvSur o CNN y decidieran dar un paseo no como investigadores, eso es demasiado pedir, por lo menos, como turistas a Colombia, caminen las calles de Cúcuta y observen las plazas, el terminal de pasajeros, sus calles y podrán palpar, observar y si tienen afán, hasta puede entrevistar a cientos de familias venezolanas viviendo a la intemperie; no es el éxodo del burgués, sino de aquellos que ya no pueden ser funcionarios, no pueden dormir tranquilo y les cuesta sobrevivir en su patria. Visiten la iglesia La Dolorosa, dirigida por los sacerdotes Sclabrinianos, que atienden diariamente a 200 venezolanos en condiciones de miseria y abrieron un pequeño comedor para 60 niños, acompañen a los de Caritas a repartir las 5000 comidas diarias a las familias hambrientas de Venezuela, caminen por la invasión “La fortaleza”, donde hay familias de colombianos retornados, familias mixtas y venezolanos sobreviviendo que son atendidos por el Centro Misionero cuya comunidad religiosa, mantienen un comedor  a partir de las donaciones que le dan los pequeños comerciantes de Cúcuta. Si hacen el recorrido papal, verán replicada esa realidad.

Ojalá que los intelectuales de CLACSO asumieran la famosa tesis once sobre Feurebach de Carlitos Marx: “Los filósofos (– esos ascéticos, los científicos sociales, como diría Nietzsche-) no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”


Ojalá que aquello que no comprenden los de CLACSO, pueda ser un motor del pueblo venezolano y que la transformación no dependa de una verdad revelada en la Biblia Constitucional,  sino en el compromiso solidario con los más pobres entre los pobres, para desterrar de Venezuela, el hambre, la miseria y la opresión, éste es el mandamiento del amor, como canta el sacerdote venezolano Miguel Matos SJ.